¿Y si nunca encontramos judías mágicas? ¿ Y si solo encontramos... judías?

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jueves, 14 de julio de 2011

Los que no se atreven

He perdido la cuenta de las veces que lo he intentado. No puedo borrar lo que se ha quedado tan marcado, aunque sea de las decisiones más fáciles que haya tenido que tomar en mi vida, porque bien mirado... ¿hay algo más sencillo que eliminarte a ti?. Si yo quiero, nadie volverá a nombrarte, no volveré a verte. Si yo quiero, puedo olvidar absolutamente todo, tirar tus cosas, borrar las canciones. Ni siquiera tengo fotos que me persigan, sólo el recuerdo, las palabras, que podrían ser nada si yo quisiera.

Todas las mañanas tomo la misma decisión, y todas las noches me acuesto pensando en si no me estaré equivocando. Me acuesto y pienso que mañana lo veré más claro, pero mañana llega y nada cambia por este lado. Del tuyo no hay noticias, tampoco las quiero.

No debería dejar que se me olvidara lo único que he aprendido contigo en todo este tiempo.

domingo, 10 de julio de 2011

Sus ojos verdes


Hoy, mirando los granos de arena en la playa, he notado que alguien me observaba, cosa que me suele poner bastante nerviosa. He levantado la vista y me he encontrado con unos ojos que no esperaba ver, fijos, verdes, tristes. ¿Cuánto hace de aquello?, ¿cuánto sin mirarnos de esta manera?.
Nos hemos quedado ahí parados mientras el resto de la vida iba pasando, recordando a la par las mismas cosas, eso seguro. Muchas noches atrás crecí un poco agarrada a esas manos, sané los primeros males  con su compañía, y aún hoy sigo tarareando las canciones que silbaba mientas bajábamos a la playa todos los veranos.
Tras el impacto de encontrarme con esa mirada más de otro mundo que del mío, he bajado la vista por su cuello, por sus hombros, por su pecho desnudo, y he vuelto a sorprenderme. Sigue llevando el collar que le regalé, una tontería que cargas de significado en algún momento de tu vida y cuelgas del cuello de alguien con la esperanza de que no te olvide. Sólo he regalado dos collares en mi vida, y él, hoy, ahora, lo sigue llevando. Sigue colgando la misma cadena, las mismas iniciales grabadas en la plata, y yo se que él no se olvida de ese momento.
Lo dejé en su mesita de noche, colgando de la lámpara, decidiendo en ese mismo momento que sería algo que tomaría por costumbre cuando se mereciera, cuando tuviera la misma sensación de poder perder a alguien en cualquier momento.
Mis ojos han vuelto a los suyos, me sonreía de medio lado. Yo también lo he hecho y así hemos estado el tiempo suficiente como para poder decirle en mi mente que yo tampoco me olvido, que nunca lo hago.

 Se fue por el paseo marítimo, rodeado de gente sin mirar atrás ni un momento. Así deben ser las cosas, supongo. Le he seguido con la sonrisa hasta que se ha perdido de nuevo entre la gente, repitiendo en mi cabeza muy alto que volviera, que no se fuera, que no nos perdamos de nuevo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Que alguien me lo explique.


Qué sentido tiene decir "te quiero" y sentirlo, tachar el calendario con el bolígrafo rojo (faltan 10. faltan 9...), hacer la maleta una  y otra vez, gritarle al reloj que dónde ha quedado su prisa ahora, teclear hasta convertirse en la mejor secretaria que alguien pueda imaginar, sonreírle a la pantalla hasta sentirse completamente absurdo. 
Que alguien me explique la lógica de querer andar sin suelo, de planear el futuro caminando a cualquier parte jugando a que sólo estás pasando el tiempo, de abrazar la almohada, de besar el aire, de acariciar el cielo para sentir por un instante que puede haber algo incluso más lejos que tú. 

Qué sentido tiene decir "te amo" y que tú no lo escuches, que no lo sientas, que no repten mis palabras por tu oído y bajen por todo tu cuerpo, instalándose de forma indiscutible en cada uno de tus rincones. 


Que alguien me lo explique, que yo de verdad, no lo entiendo 

lunes, 28 de marzo de 2011

La liga más extraña de todos los tiempos

He soñado algo que creo, se merece una entrada. Hace unos días que le llevo dando vueltas a un sueño que tuve, dándole un sentido a veces gracioso, a veces melancólico, pero no se imaginan lo entretenido que es.

Soñé que con todos los hombres que han pasado por mi vida, (no necesariamente habiendo tenido una relación, simplemente servía haber sentido algo, haber tenido algo especial que siempre ha acabado en desastre total o parcial, con todos los que en algún momento me han dicho las palabras prohibidas de ocho letras) como no sabía muy bien qué hacer con ellos y con su recuerdo me hacía un equipo de fútbol.
Un equipo de fútbol meticulosamente estructurado haciendo paralelismos con lo que he sentido, entre el daño que me han podido hacer y la posición del jugador... en mi equipo podemos ver a un capitán recién sacado de una isla desierta, un portero con guantes de montador, un pichichi (dejadme, no se si se escribe así, ni siquiera me gusta el fútbol) del norte y de cierzo...

11 fantasmas bien aprovechados, si señor. Quizá algún día lo proponga.

domingo, 6 de febrero de 2011

Siempre te idealizo.



Hay tanto que decir, tantas cosas que pienso, que se arremolinan en mi cabeza y no saben cómo salir, no entienden de orden ni tacto. Son tantas las situaciones que no entiendo y tantas las palabras vacías que no se llenan con hechos, que ya no sé si tengo que sentirme decepcionada o agradecida. 

Decepcionada por todas las mentiras que se escapan por esos labios de seda y miel, o  por todos esos momentos de íntima luz en los que el mundo deja de girar, para después frenar bruscamente cuando tú lo ordenes. Pero también podría estar agradecida porque tu boca no me envenenase con lo que de  verdad puede estar pasando, o porque en algunos momentos de mi vida, los menos esperados, te cuelas por la ventana y nos olvidamos de quienes somos. 

Hay tanto que decir y hoy no me salen las palabras.



domingo, 23 de enero de 2011

¿Realmente nos quisimos tanto?

Yo sí que te amé. Te amé con todas las fuerzas que ya no me quedan, de una forma insana pero plena, con todo mi cuerpo... si, cada uno de mis poros gritaba tu nombre a los 4 vientos, reclamándote en mi cama día y noche. A veces, cuando tú no estabas, lloraban las esquinas de mi casa preguntando cuándo volverías, y las sábanas me presionaban exigiendo tu presencia. 

Ahora, todo está en silencio.
Silencio en mi casa. 
Silencio en el alma.

Ya no queda nada que pedir ni que contar.  Sólo algunos valientes susurros a media noche, se atreven a silbar con melancolía la melodía de esa historia que no debo echar de menos. 
Pero a veces vuelves, y mi cama cruje bajo tu espalda y la mía, fundida en una misma persona, haciendo que  durante unas horas parezca que de verdad queda algo.

Cuando te vas, siempre prometes volver, y siempre cumples tu promesa. Es ahí cuando mi conciencia me mira con preocupación y la razón intenta imponerse consiguiendo un éxito nulo. No hay lugar a razones cuando aún puedo rebañar un poco la miel de lo inexistente.
 ¡Y qué felices fuimos!

martes, 11 de enero de 2011

La infinita resignación

Todo cambia tan deprisa que casi soy  incapaz de reconocer tu reflejo en mi pupila, pero el tiempo pasa y tus palabras cada vez escuecen más. Antes no era así, ¿recuerdas?, ¿te acuerdas del insomnio?, ¿de mis tres deseos?... quedan ya tan lejos que sólo puede ser recordado como un sueño, y es que el tiempo traiciona revistiendo tus recuerdos. Tal vez lo irreal sea el presente, éste azul, montaña, río, alcohol y cama que tantas veces he citado.

El tiempo es traicionero y a veces mentiroso, pero ayuda. Ya no pienso en ti como antes, supongo que en el gran saco del cambio yo también estoy incluida, únicamente me descubro a mí misma sorprendiéndome cada vez menos por tu comportamiento.

Después de la sorpresa viene la resignación. He andado tanto este tiempo que da igual lo que digas o hagas a partir de ahora, no volverás a ser el mismo ni para mi, ni para ti, ni para nuestro recuerdo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El absurdo de lo imposible

Y... échenme una mano a descubrir el por qué de la atracción por las causas perdidas. Esas ganas de llevar a cabo la cadena de sucesos absurda y descabellada que ronda nuestra cabeza desde hace días o quizás años. Esos finales a los que todos queremos llegar aún a sabiendas de que nunca, y digo esta palabra con mucha propiedad y con la boca llena, conseguiremos.

Hay quien le gusta decir que no hay nada imposible, que todo es cuestión de las ganas que tengas y cómo direcciones tu vida, pero ¿saben qué? no estoy para nada de acuerdo con esta esperanzadora postura. Ojalá todo fuera echarle ganas al asunto, tener la correcta actitud y esperar a que todo llegue, pero la realidad nos muestra que eso solo nos ayuda a llevar la decepción con un poco menos de dolor, ya que hay un "hice todo lo que pude" resonando en nuestra cabeza.

La verdad de todo esto es que las casualidades de la vida a veces son muy injustas, y la imposibilidad que crea esa misma injusticia es lo que nos hace estar vivos, lo que nos mantiene encima de un barco que ya no va a ninguna parte y que realmente nunca pudo ir a ningún sitio...¿Por qué entonces esa obcecación por una causa sin rumbo?

Supongo que cada uno tiene su absurdo, ahí dejo la libre reflexión.