¿Han leído alguna vez "Un mundo feliz"?. Si lo ha hecho, sabrán lo que es el "Soma". Para los que no lo sepan, o para los que no lo recuerden, el "Soma" es una droga legal que suministra el propio gobierno y a la que los ciudadanos están completamente enganchados. Dicha droga está destilada en casi cualquier alimento, hasta el punto de que la gente come y bebe Soma.
Tienen unas determinadas dosis para cada ocasión: medio gramo para una de asueto, un gramo para el fin de semana, dos gramos para un largo viaje y tres para una eternidad en la luna.
Así, el estado puede controlar los sentimientos de la población, tenerlos contentos y poder llevar la metrópolis sin ningún incidente.
Hoy, me he dado cuenta de que yo tengo mi ración de Soma particular, dentro de este estado llamado Kalina, en el que hasta hace poco sólo había enfrentamientos. No es como la que Aldous Huxley describe en su maravilloso libro, pero el procedimiento y la sensación vienen a ser los mismos. Llego a casa y pienso en tomarla, voy por la calle y la quiero, me levanto y me acuesto pensando en ella, y no puedo evitar morirme de miedo.
Aún así, mi ración de Soma tiene su nombre y sus apellidos. También puedo ponerle cara, lo cual lo hace más efectiva, más real, más auténtica.
Creo que el único inconveniente en todo esto, es que cuando se acaben los recursos, cuando mi Soma siga teniendo nombre, pero no recuerde su cara, va a tocar tener que volver a empezar de nuevo. Sobrevivir a la desintoxicación y caminar sola hasta perderme, o hasta que se inicie de nuevo el proceso de cura.
